*“Una esperanza que no defrauda”*

*“Y todo aquel que tiene esta ESPERANZA en Él, se purifica a sí mismo, así
como Él es puro”. Juan 3:3*

*Hay muchas cosas que diferencian *sustancialmente* al creyente del no
creyente; una de ellas es que los verdaderos creyentes no son como aquellos
que no tienen esperanza (1 Ts 4:13). Estar sin esperanza es como un vivir
muriendo, es un estar sin Dios, porque Dios es en esencia *LA
ESPERANZA*: “*Porque
tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud*”
(Sal 71:5).  La esperanza de los impíos está puesta en sus falsos ídolos, o
en su dinero, su fama o poder político, la nuestra nos vine desde el cielo
como una gracia del Señor por medio de su Espíritu: ”...*y a Dios nuestro
Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por
gracia*” (2 Ts 2:16).

Ahora bien, *¿qué es la esperanza?*, la esperanza, lo mismo que la fe, son
gracias dadas por Dios que ligan profundamente nuestros corazones a la
persona de Dios y sus promesas. La fe y la esperanza son dos aspectos
diferentes de la misma realidad, ellas son como las dos alas de un avión,
no podemos prescindir de una de ellas sin que el avión quede condenado a
caer. La fe nos provee certeza y convicción sobre todo lo que Dios ha dicho
en su Palabra (Heb 11:1), la esperanza nos llena de deseos santos de
apoderarnos de esas promesas. La fe tiene que ver con seguridad; la
esperanza es expectativa anhelante de eso que esperamos por fe. *La fe da
firmeza y solidez a la esperanza; la esperanza llena de paz y alegría a la
fe*, y ambas actúan como resortes espirituales internos que nos hacen
levantar por encima de la materialidad de esta vida para enfocarnos en las
realidades espirituales, inamovibles y eternas.

La esperanza cristiana no es estado emocional o psicológico de carácter
temporal que se produce ante el infortunio, la desgracia y la
transitoriedad de las cosas materiales, en el cual se siente la necesidad
de creer en algo y de esperar un futuro mejor, como lo hace el hombre
natural. ¡Nooo! No es así como la Biblia define la esperanza del
creyente. La perla de hoy nos dice que todo aquel que comparte esta misma
esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro. *Adviertan
cómo la esperanza actúa desde dentro del creyente hacia afuera como un
catalizador que santifica al creyente*: quien tiene esta esperanza se
purifica a sí mismo, es decir, él siente la necesidad de conformarse cada
vez más al carácter de su Maestro, porque la esperanza funge como una
fuerza activa, dinámica, funcional, que transforma al creyente haciendo que
sólo desee las cosas de arriba, y no las de la tierra (Col 3:2)

Nuestra esperanza en Dios es totalmente *confiable*; es por eso que no
debemos temer al futuro o a la muerte,  ella nunca nos dejará en vergüenza
(Ro 5:5); la esperanza cristiana es parte de la *armadura defensiva* del
creyente: “seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de
amor, y con la *esperanza* de salvación como *yelmo*” (1 Ts 5:8). Nuestra
esperanza es *sufriente*, ella nos capacita para soportar aun pruebas de
las que pensábamos que no íbamos a poder resistir, fue en esperanza que
Abraham se fortaleció cuando le fue ordenado que sacrificara a su hijo
Isaac (Ro 4:18), y por último, la esperanza del creyente
es*bienaventurada* (llena
de contentamiento el corazón); es *vigilante* (aguarda con expectación la
venida de Cristo); y es *escatológica* (descansa en la revelación final de
Dios sobre las últimas cosas y sobre la muerte, y traspasando las barreras
visionarias de este mundo). Amén

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2 comentarios

  1. Así pues, habiendo creado todo un sistema de pensamiento acerca de Dios basado en la experiencia humana más que en las verdades espirituales, después creasteis toda una realidad en torno al amor. Se trata de una realidad basada en el temor, arraigada en la idea de un Dios terrible y vengativo. Ese Pensamiento Promotor es erróneo, pero rechazarlo supondría desbaratar toda vuestra teología. Y aunque la nueva teología que podría reemplazarla sería realmente vuestra salvación, no podéis aceptarla, puesto que la idea de un Dios al que no haya que temer, que no va a juzgar, y que no tiene ningún motivo para castigar, resulta sencillamente demasiado magnífica para incluirla ni siquiera en vuestra más grandiosa noción de Quien y Qué es Dios.
    Esta realidad del amor basada en el temor domina vuestra experiencia de aquél; más aún, en realidad la crea, ya que no sólo hace que consideréis que recibís un amor condicionado, sino también que penséis que lo das del mismo modo. E incluso mientras negociáis y establecéis vuestras condiciones, una parte de vosotros sabe que eso no es realmente el amor. Aún así, parecéis incapaces de cambiar la manera de dispensarlo. Os decís a vosotros mismos que habéis aprendido la manera difícil, y ¡qué os condenéis si os hacéis de nuevo vulnerables! Pero lo cierto es que deberíais decir ¡qué os condenéis si no lo hacéis!
    esta es la segunda gran ilusión del hombre: que el resultado de la vida es dudoso.
    Es esta duda acerca del resultado final la que ha creado a vuestro mayor enemigo: el temor. Si dudáis del resultado, dudaréis del Creador: dudaréis de Dios. Y si dudáis de Dios, entonces viviréis toda vuestra vida en el temor y la culpa.
    Si dudáis de las intenciones de Dios – y de su capacidad de producir este resultado final -, entonces ¿cómo podréis descansar nunca? ¿Cómo podréis nunca hallar realmente la paz?
    Sin embargo, Dios posee pleno poder para encajar las intenciones con los resultados. No podéis ni queréis creer en ello (aunque afirméis que Dios es todopoderoso), y, en consecuencia, habéis de crear en vuestra imaginación un poder igual a Dios, con el fin de encontrar una manera de que la voluntad de Dios se vea frustrada. Así, habéis creado en vuestra mitología al ser que llamáis <>. Incluso habéis imaginado a

    Dios en guerra con ese ser (pensando que Dios resuelve sus problemas del mismo modo que vosotros). Por fin, habéis imaginado realmente que Dios podría perder esa guerra.
    Todo eso viola lo que decís que sabéis acerca de Dios, pero eso no importa. Vivís vuestra ilusión, y, de este modo, sentís vuestro temor, debido a vuestra decisión de dudar de Dios.

    CONVERSACIONES CON DIOS.
    Neale Donald Walsch.

    Creo, esto resume lo que pienso sobre el tema. Para ver mas http://filosofeligion.cubava.cu/?p=569

    1. Omite que no se escribió lo que se pensaba de Dios, sino lo que Dios anunció y reveló al hombre, principalmente su plan de reconciliación con la humanidad. Las verdades espirituales son eso, el amor del Creador por sus impúberes. El temor es una de las condiciones del ser humano corrupto, inició en el mismo instante que contravino contra Dios y la marca de nuestra transgresión es el inicio del temor a la muerte en Génesis 3:10 está descrito el comienzo de ese “temor”. Ahora, es cierto que el temor es real, pero es falso al asumir que el temor es la base para sostener la realidad de Dios. Él no está sujeto a causas humanas, lo que hagas o sientas no interrumpirá sus planes, puedes negarte a glorificarlo pero esto no reducirá su gloria en absoluto… Usted es quien siembra sus ideas en un dios terrible y vengativo, por el contrario, nosotros los cristianos sostenemos nuestra fe en el Dios de amor, justicia, santidad y misericordia y quién en forma humana nos mostró la verdad y la vida para ser el único camino al Padre… No es el argumento de aceptar o no la voluntad de Dios, Él la hace aunque no nos guste y no necesita de nuestro apoyo para hacerlo, nosotros no reducimos el poder de Dios con negar su carácter o poder, simplemente inventamos el ridículo de creernos seres superiores. Somos impotentes y nuestro Creador es el omnipotente, reducir a Dios a la voluntad o deseo humano es simplemente autoengañarse, Dios no necesita de nosotros y es una de las virtudes de Él que define su amor perfecto; Él no nos ama por necesidad más bien por su carácter y voluntad.
      ¿Temor como base del amor? No concibo como se puede sostener ese razonamiento, nosotros los cristianos no basamos nuestro amor en el temor, tenemos temor de Dios en el sentido que anhelamos su compañía y consejo, pero no creemos en Él por miedo al infierno. Creemos en Él porque nos amó primero. Y según 1 juan 4:18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
      De por cierto estoy seguro que aunque a usted no le guste, no podemos retirar de nuestra naturaleza lo obvio… porque somos miserablemente vulnerables a causa de nuestros pecados y eso usted no puede retirarlo de su naturaleza… El único que puede hacerlo es Jesucristo, Amén.

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